Resumen. El lenguaje es el artefacto cultural más omnipresente y poderoso que poseemos los seres humanos para mediar en nuestro conocimiento del mundo, en nuestra conexión con el otro o los otros, y en nuestro propio pensamiento y autorregulación. Tal como afirmó Halliday (1975), las dos funciones esenciales principales del lenguaje son interactuar con los demás (interacción social) y con uno mismo (pensamiento). En los últimos años, ha surgido una necesidad acuciante en la sociedad europea de implicación educativa en procesos que desarrollen competencias pluriculturales y plurilingües orientadas al diálogo colaborativo para potenciar la aceptación de la alteridad y evitar las desigualdades entre los grupos sociales (Coste y Cavinalli, 2015). Las emociones ejercen un efecto de filtro (Mora, 2013) y, por consiguiente, es necesario explorar las cuestiones afectivas que rodean a este enfoque educativo, puesto que las propuestas innovadoras suelen ser rechazadas debido al conocimiento insuficiente de lo que implican y al temor al cambio. Con el fin de ofrecer algunas respuestas, este capítulo analiza estudios sobre cómo los factores afectivos y las emociones influyen en la adquisición y el aprendizaje de lenguas, y propone principios metodológicos y tareas prácticas susceptibles de aplicarse a la educación lingüística que puedan garantizar el aprendizaje de los valores, actitudes, destrezas, conocimientos y pensamiento crítico requeridos en una sociedad plurilingüe y pluricultural. Partiendo del hecho de que la cognición y la emoción son factores entrelazados, describo los principales hallazgos de investigación de las distintas corrientes en el estudio de la emoción y el lenguaje. Paso revista a algunas diferencias existentes entre la adquisición de la primera y de la segunda lengua desde una perspectiva afectiva. Asimismo, abordo la motivación y la ansiedad ante el idioma —dos polos casi totalmente independientes entre sí, y no extremos opuestos de un único continuo—, las cuales impulsan u obstaculizan la predisposición del discente para comunicarse. Este capítulo incluye también diversas aportaciones sobre la mediación que, concebida como un cambio de paradigma en el aula de lenguas extranjeras y a través de las distintas posibilidades de aprendizaje lingüístico extraescolar (Piccardo, 2014, 2018), puede propiciar un entorno en el que el estudiantado maximice su inteligencia emocional y sus competencias comunicativas plurilingües e interculturales. Por último, profundizo en las investigaciones sobre las emociones en el aprendizaje de una lengua extranjera y concluyo este capítulo con recomendaciones metodológicas destinadas a la educación lingüística.
Cómo citar. Fonseca Mora, M. C. (2023). Emotion in language education and pedagogy. En G. Schiewer, J. Altarriba & B. Ng (Eds.), Volume 3 (pp. 2195-2217). De Gruyter Mouton. https://doi.org/10.1515/9783110795486-043